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Domingo, 28 de mayo de 2006

La rebelión de los profes

Es uno de los colectivos más valorados por la sociedad. Y seguramente el más quemado. El 73 por ciento de los alumnos reconoce que les falta al respeto. Uno de cada tres profesores padece depresión… Recién aprobada una nueva Ley de Educación, XLSemanal da la palabra a diez docentes que, hartos de la situación de nuestra enseñanza, dicen `basta´.

Abrumados por la sucesión de reformas legales y desbordados por la conflictividad en las aulas y la falta de autoridad, los profesores se sienten víctimas –por no decir cobayas– del sistema educativo. Según el Informe Pisa, el 23 por ciento de los alumnos españoles de 15 años no alcanza el nivel mínimo en lengua y matemáticas. Uno de cada cuatro estudiantes no acaba la ESO y un gran porcentaje consigue el título con asignaturas pendientes gracias a la benevolencia del sistema. La inversión en educación representa el 4,4 por ciento del PIB, mientras que las naciones de la UE gastan una media del 5,2 por ciento. El nivel de exigencia ha bajado y los problemas de convivencia en las aulas están llegando a un extremo insoportable.

La LOE pretende hacer frente a los nuevos desafíos, pero no ha conseguido el consenso de la comunidad educativa. El principal escollo ha sido la asignatura de religión y la libertad de los padres para elegir centro, pero el debate público ha pasado de largo ante algunos contenidos de la nueva ley, como la posibilidad de repetir dos veces en 4º de ESO, la inclusión de la historia de la filosofía como asignatura obligatoria...

La LOE es la tercera ley en 20 años que trata de resolver los problemas de la educación española. La LOGSE sustituyó en 1990 a la Ley General de Educación y puso fin a la EGB, el BUP y el COU de 1970. La gran novedad de esta norma fue la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, y el nuevo papel de las autonomías, que podían gestionar los centros educativos y redactar un importante porcentaje de los contenidos curriculares. La educación artística entró en el sistema general y nacieron los itinerarios especializados, pero lo más criticado, entonces y ahora, fueron sus planteamientos pedagógicos. La LOGSE rechazaba el aprendizaje memorístico y pretendía impulsar el aprendizaje cooperativo, donde la comprensión era más importante que el conocimiento concreto.

En 2002, el PP sacó adelante la Ley de Calidad (LOCE), pero tampoco consiguió un consenso sobre los contenidos. La oposición denunció que pretendía beneficiar a los centros concertados y segregar a inmigrantes y estudiantes con dificultades, con la excusa de salvar a los mejores. Nunca llegó a ponerse en práctica y el Gobierno socialista paralizó su aplicación al llegar al poder.

La situación, a día de hoy, es desastrosa. Y no sólo por las leyes, también por los nuevos problemas sociales que se han instalado en el aula: los alumnos no se esfuerzan, sabotean las clases; carecen de metas y han dejado de confiar en la educación como medio para conseguir una mejora social; las familias no se implican en la educación porque los padres trabajan demasiado, están ausentes, y su papel como figura de autoridad está en crisis; la convivencia en los centros escolares se ha deteriorado y las culpas se las carga el maestro. Los profesores se sienten solos, están quemados e indignados, pero sus reivindicaciones no llegan lejos, así que muchos se refugian en Internet para compartir sus pataletas impotentes. Ricardo Moreno Castillo, un `simple´ profesor de matemáticas, colgó en la Red un compendio de lo que considera las falacias del actual sistema educativo. Su título: Panfleto antipedagógico. Ha sido un éxito y ahora acaba de publicarlo la editorial Leqtor.
Isabel Navarro

Marián Casarrubio Díaz

45 años. Profesora de filosofía y miembro de ANPE.

«Los chavales de ahora tienen un miedo tremendo a que algo duela, así que si algo cuesta lo abandonan. No están acostumbrados a que les exijan ni en casa ni en el colegio, por eso tengo alumnos con mucha capacidad que han tenido buenos resultados en la ESO y fracasan en el bachillerato. En secundaria se acostumbraron a pasar sin hacer nada, y cuando toca hincar los codos, abandonan o se enfadan porque no les regalas la nota. Muchas veces me preguntan: `¿Para qué sirve la filosofía?´ Para ellos, el valor fundamental está en lo práctico.»

Ángel María Antolínez

54 años. Profesor de lengua y literatura y miembro de ANPE.

«Las clases son tan heterogéneas que se parecen a las antiguas escuelas unitarias de los pueblos, con distintos niveles y lenguas. Lo peor son los objetores escolares, que van sin libros y están allí como muebles o molestando. El profesor tiene que recuperar la autoridad. No puede ser que la palabra del alumno valga lo mismo que la nuestra. Con este modelo se sienten poderosos y con total impunidad. Hay que cambiar el sistema de sanciones porque se remite a un consejo escolar, con padres y alumnos, que se reúne como máximo cinco veces al año y no es capaz de afrontar los verdaderos problemas del aula. Mi único consuelo es que, a pesar de los problemas de conducta, no son insensibles a la estética. Les emociona la buena literatura.»

María Pilar Cavero

59 años. Profesora de geografía e historia. Presidenta de la Asociación de Catedráticos de Bachillerato de la Comunidad de Madrid. Directora de un centro de formación de profesores.

«Es imposible dar clase de historia del arte para alumnos que no tienen vocabulario. Lo siento, pero yo no puedo enseñar con píldoras. Ha habido una bajada de nivel generalizada, y con este sistema estamos creando una sociedad de burros. El bachillerato no puede ser tan especializado, hay que dar conocimientos generales, cultura de verdad, no sucedáneos. Los chavales deben leer a San Juan de la Cruz y El Quijote, tienen que saber dónde está Cuenca. Hay que separar la enseñanza obligatoria del bachillerato, no tiene sentido que niños de 12 años estén con jóvenes de 18. La realidad del aula es nefasta, hasta tal punto que en algunos centros privados de prestigio están utilizando seguridad privada para expulsar a los alumnos de clase.»

Eduardo Calderón

43 años. Profesor de filosofía. Federación Sindical de Profesores de Secundaria (FPS).

«Si hace 15 años alguien me pregunta a qué centro debe llevar a su hijo, yo habría contestado sin vacilar que a un instituto público. Nuestra enseñanza media tenía los mejores niveles de educación, pero la situación ha cambiado radicalmente desde la aplicación de la LOGSE. Antes, los institutos eran un ámbito de libertad y, ahora, son un ámbito de represión. Los alumnos no confían en nosotros y los profesores no confiamos en ellos. Les damos represión y ellos nos responden con violencia. He tenido alumnos que han llegado a 4º de ESO con más de 30 asignaturas pendientes. Eso no tiene sentido. Además, el aula no responde con ninguna condición para el aprendizaje. No hay silencio, no hay concentración. Es una lucha continua contra móviles, contestaciones arbitrarias e insultos que boicotean cualquier aprendizaje.»

Ana Olivares

26 años. Profesora de educación compensatoria en primaria.

«Trabajo con alumnos que tienen dos años o más de desfase curricular. En mi clase hay 27 niños de 22 nacionalidades y las diferencias culturales son muy fuertes: el chino, el rumano y el brasileño no se entienden, pero en realidad no son conflictivos y el verdadero problema está en las familias. Los niños vienen porque quieren y si un día no se levantan, nadie los obliga. A veces sacan a las chicas del colegio con 14 años para casarlas y tenemos que llamar a servicios sociales para pedir que les retiren la tutela a los padres. Pasamos por situaciones muy duras, pero cuando salen adelante también es gratificante. Un día volví del recreo y me encontré con mi mesa completamente ordenada: fue la manera que tuvo una gitana rumana de agradecerme que por fin había aprendido a sumar y restar.»

Jesús García Gual

51 años. Profesor de matemáticas.

«La LOGSE se conformó con muy poco: que entren todos en el aula, aunque sea a costa de no pedir nada. La situación se fue deteriorando hasta tocar fondo y los padres han perdido la confianza en el profesor. Nos desautorizan y consideran que tenemos la obligación de aguantar a su hijo, aunque moleste a los demás. Hemos pasado de los derechos fundamentales a los derechos absolutos. Por eso recuperar la confianza entre padres y profesores es necesario para que las cosas cambien. Este trabajo es vocacional, pero a veces te ves aplastado por las circunstancias, y lo peor es que los nuevos docentes, que no han conocido otra realidad, llegan sin ilusión desde el principio.»

Luis Fernández

30 años. Educación primaria.

«Los problemas de la escuela son un reflejo de lo que está pasando en la sociedad. El otro día pillé a una niña de ocho años falsificando la firma de su madre en el boletín de notas. Cuando vino la madre a hablar conmigo, me soltó: `Es que mi hija me vacila y no puedo con ella´. Los padres están desbordados y nosotros nos sentimos solos en la tarea educativa. Faltan recursos humanos y medios técnicos porque los gobiernos se inventan proyectos, pero no invierten dinero. Nos exigen formación y vocación, pero no nos han preparado para los nuevos retos, como la inmigración, y nadie se molesta en escucharnos.»

Joaquín Hernández

52 años. Profesor de matemáticas.

«Lo más importante para cambiar la educación no es el dinero, sino las buenas ideas y el sentido común. Resumiendo: 1) Una buena ley debe estar avalada por proyectos análogos en otros países que hayan demostrado su eficacia. 2) No puede ser excluyente y debe dar cabida a todos los que quieran aportar ideas. 3) Los que hacen la ley deben estar relacionados con el público al que va dirigido el proyecto. 4) Los autores deben estar convencidos de que el proyecto es bueno y ser capaces de defenderlo con seguridad en cualquier parte. A tenor de estas cuestiones de sentido común: ¿se puede saber por qué los políticos hacen las leyes de educación escuchando a los pedagogos y a los sindicatos, pero ignoran a los profesores que estamos cada día en el aula?»

Daniel San Felipe

31 años. Profesor de lengua castellana y literatura.

«Al profesor le falta reconocimiento social y apoyo institucional, pero también es cierto que nos quejamos demasiado y olvidamos lo fundamental. Y es que debemos enseñar relaciones humanas y valores, no sólo conocimientos. Las dificultades existen, pero no podemos estar obsesionados con la lista de resultados. Hace dos años estuve con chicos de diversificación, un grupo de jóvenes con dificultades de aprendizaje donde había inmigrantes y españoles. Conseguimos que participaran en actividades extraescolares, como visitas a museos y talleres culturales. Se entusiasmaron y, gracias a la motivación, se reengancharon al sistema educativo. No van a ser ingenieros, pero les dimos algo que nunca encontrarán en su casa ni en el barrio, y me sentí muy reconocido tanto por ellos como por sus familias.»

XL Semanal. Heraldo de Aragón. 28-05-2006
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Por: Javier | 97-Personajes | Comentarios (0) | Referencias (0) | Leído (358)

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