Lunes, 01 de mayo de 2006
Llevar y recoger a los niños del colegio se ha convertido en un ejercicio de estrategia urbana en la zona de Romareda. Los padres se buscan la vida para encontrar aparcamientos, que, con tanta obra, cada día escasean más.
Manolo Subías recoge todas las tardes a sus dos hijos, de 5 y 8 años, del colegio Cesáreo Alierta de Zaragoza. No vive lejos del centro, pero lo que para un adulto es un trayecto de poco más de quince minutos a pie, para un niño que acaba de afrontar una larga jornada de estudios y juegos es un paseo al fin del mundo. Así que la mayoría de los días Manolo se lleva el coche. Desde hace unas semanas, con todas las obras de la zona, escasean los aparcamientos, que tienen un precio muy alto. La recién iniciada reforma de la calle Eduardo Ibarra, delante del campo de fútbol, ha puesto las cosas peor.
"No vivo muy lejos del colegio. Pero cuando tienes que llevar las mochilas de los libros, las bolsas de la merienda, las de los patines y alguna cosa más, parece que vas de safari. Además, si vas con dos niños que se pegan el camino diciéndote lo cansados que están, acabas optando por coger el coche", explica, divertido, Manolo Subías.
Su caso es como el de otros muchos padres y madres que no pueden llegar con el coche a la puerta del colegio y embarcar o desembarcar niños a pie de acera para seguir después su ruta. No. Tienen que aparcar, porque a los peques, especialmente a los de Infantil, hay que acompañarlos hasta el patio del centro escolar.
Sucede que en apenas 150 metros hay cuatro colegios públicos: el Cesáreo Alierta, el César Augusto, el Doctor Azúa y el Eliseo Godoy. Así que el follón de tráfico que se prepara a las horas punta escolares es de aúpa.
"Antes teníamos distintos espacios para aparcar. Delante del campo de fútbol, en el solar donde se construye Aragonia, entre Juan Carlos I y Juan Pablo II, y en algunos sitios más", dice Subías. La aglomeración de coches, y de los largos autobuses escolares, lentos de movimiento, era inevitable. Pero se podía estacionar el coche más o menos cerca de los coles. "De hecho, los conductores de autobús se podían juntar a tomar un café por la zona del estadio hasta que era hora de ir a por los niños", señala el zaragozano.
Las cosas han cambiado mucho en muy poco tiempo. El solar de Juan Carlos I está en obras (se construye el centro Aragonia) y acaba de iniciarse la remodelación de Eduardo Ibarra, que ha cortado al tráfico dos de sus tres viales. "Los aparcamientos escasean. Yo aún suelo tener suerte en el solar que hay junto al centro de salud Seminario. Pero la opción que tengo, aparte de la de ir caminando, es salir con 20 minutos de tiempo para encontrar un sitio".
Los niños no quieren irse a casa de inmediato. Les gusta --y más en estas fechas-- "quedarse en el patio del colegio jugando hasta que ya no pueden más". Por eso, los trucos de la socorrida --e irregular-- doble fila no sirven. La situación empeora por las mañanas, porque al ajetreo que se vive en la zona de los colegios se une la llegada de trabajadores a la gerencia de Urbanismo, que también es notable por lo que a necesidad de aparcamientos se refiere. Y la salida de coches y más coches que, desde diversos puntos del barrio, cruzan por delante de los centros escolares a la hora de ir al trabajo (que es muy parecida a la de ir a clase). Ya no se habla de los miércoles, con el rastro, porque ese problema se ha trasladado.
Manolo no se queja. Sabe lo que hay y se limita a buscarse la vida. A organizarse de otra forma y cambiar sus hábitos. Porque la escasez de zonas para aparcar es cada día más acuciante en todo el sector. "La verdad es que la zona es una auténtica exposición de coches. Y reconozco que ganaremos todos cuando haya una plaza peatonal. Las obras siempre molestan, pero el proyecto final merecerá la pena", comenta.
Previsiblemente, si se cierra también el tercer vial que, de momento, ha quedado abierto en la calle Eduardo Ibarra, los escasos reductos para estacionar que quedan por la zona estarán aún más disputados. Los sufridores buscarán otros recursos, como acudir a por los niños un poco más tarde de la hora de salida para evitar el atasco. Aunque ese truco no sirve con los niños de Infantil, sí sirve para los de Primaria, que esperan jugando en el patio. "Y les gusta hacerlo, lo que no deja de ser curioso. Cuando yo estudiaba, sólo queríamos largarnos del colegio a toda velocidad", bromea Manolo.
El Periódico de Aragón. 01-05-2006
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Por: Javier | 30-Reclamaciones | Comentarios (0) | Referencias (0) | Leído (249)
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